¡Qué desgracia tan infinita! Aborda con humor negro las distintas situaciones que debe sobrellevar un hombre a las puertas de los cincuenta, tratando de 2…echar el tiempo atrás, o por lo menos detenerlo, antes del último y definitivo estertor de la juventud2. El descubrimiento de la próstata, la desaceleración del metabolismo o el recuerdo lejano de la última erección, son algunos de los temas que Diego Trujillo recorre con un punzante sentido del humor.

¡Qué desgracia tan infinita! Es una burla cáustica que hace este actor de sí mismo, pero a su vez, se convierte en un espejo para quienes sufren los padecimientos propios de los cuarenta. “Porque el único camino digno para sortear la crisis de la mediana edad, es reírnos de nosotros mismos y tratar de creer que, de pronto, no todo está perdido”.

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